Estoy consciente de que a muchas personas les aterra escuchar la palabra "grasa" por el simple hecho, y entre otras razones, de que la relacionamos con la generación de acné y con las siempre odiadas llantitas. Cada vez que buscamos el comer un chocolate, aparece este miedo irracional. Miedo alimentado desde que nuestras madres, tías o abuelas nos dijeron que comer chocolates saca granos, engorda y pudre los dientes (de ese tema hablaremos después).
Para empezar a eliminar estas malas concepciones, hay que saber que las características de la grasa presente en el cacao y en los chocolates (mejor conocida como manteca de cacao) son sumamente favorables para el cuerpo; tenemos entonces 3 ácidos grasos, dos esenciales y uno completamente neutro. Los primeros dos son el Oleico y el Linoleico, ácidos que nuestro organismo necesita, pero que no puede producir por su propia cuenta, es decir, necesitamos consumirlos como parte de nuestra dieta. El tercer ácido graso es el Esteárico, grasa saturada que no puede afectar al cuerpo. Todo esto, por supuesto, si es ingerido con moderación.
Otra característica presente en la manteca de cacao es su capacidad de ayudar a nuestra piel y cabello, razón por la cuál es conocida la demanda que tiene en la industria farmacéutica. La manteca de cacao suaviza, limpia y protege nuestra piel y cabello; además puede curar labios resecos y desinfecta las quemaduras y cortadas que ocurren al accidentarnos. Ungüentos fabricados a partir de esta grasa han resultado de innegable ayuda para todos estos tratamientos, pero eso no es todo.
Las últimas investigaciones que se han hecho arrojan información sobre el consumo NATURAL de las grasas presentes en el cacao (y por consecuencia, en el chocolate). Se ha empezado a comprobar que un consumo frecuente, sin llegar a ser excesivo, reduce la probabilidad de tener cáncer de estómago, bronquitis, gripe, gota, hemorroides, indigestión, problemas en el hígado, los pulmones y las vías urinarias. Parece ser que incluso ayuda a disminuir la irritación vaginal.
Los miedos y los sentimientos de culpa causados por la ingesta de chocolates se deben, principalmente, al consumo de productos sintéticos e industrializados. Tenemos la responsabilidad, como consumidores, de leer cuidadosamente la lista de ingredientes en todo lo que compramos, pues cuando se trata de un chocolate tiene que estar la manifestación explícita de que se ha utilizado manteca de cacao y no otro tipo de grasas y azúcares. Son esos agregados los que tanto nos afectan y que tanto han dañado la imagen de un producto tan noble como el chocolate.